Equilibrio emocional y desarrollo personal para la salud metabólica

Mucha gente desea mejorar de distintas formas su salud. Conseguir mejor aspecto físico, más energía, más juventud, mayor fortaleza o revertir o ralentizar alguna condición problemática. Han probado muchos caminos que tal vez les hayan acercado a sus objetivos… en ocasiones, de manera parcial o no perdurable.

Algunos, tras haberse informado o conocido a alguien, se plantean las terapias metabólicas.

Suponen un cambio profundo en el estilo de vida que a veces requiere algo más que fuerza de voluntad.

No siempre es suficiente tratar de seguir el plan propuesto. Necesitamos gestionar las emociones, el estrés y las viejas creencias que obstaculizan el proceso de cambio. Este trabajo ayuda a apoyar el éxito del proceso.

¿De que manera pensamientos, creencias y emociones afectan a nuestra salud física?

Nuestra forma de ver el mundo y a nosotros mismos, también configura nuestro funcionamiento metabólico.

Para entender cómo se interrelacionan, tenemos que hablar del Sistema Nervioso Autónomo formado por los sistemas simpático y parasimpático. Es nuestro mecanismo físico de regulación corporal.

Cuando nos enfrentamos a un peligro, se activa una alerta. El Sistema Nervioso Simpático organiza las respuestas de lucha o huida.

Prepara nuestro cuerpo, pidiendo a cada uno de los sistemas implicados que participen para garantizar la resolución del peligro.

Se libera glucosa para dar energía a los músculos, se produce vasoconstricción en piel, órganos y mucosas para favorecer el flujo de sangre a la musculatura, se contraerán las pupilas para percibir mejor, se acelerará el corazón para llevar más sangre a los músculos, subirá la tensión arterial, se producirá sudoración y otras muchas respuestas necesarias para el éxito y la vida.

Mientras tanto, se inhiben respuestas no necesarias: la digestión, la reproducción, la regeneración, la respuesta inmune,…

Cuando la amenaza esta resuelta, entra en funcionamiento el Sistema Nervioso Parasimpático. La alarma se apaga. Es el sistema de la calma y la seguridad. Actúa como freno, favoreciendo el descanso, la recuperación, la nutrición, la defensa, la regeneración, y la reproducción, pero también funciones cognitivas (atención, concentración, memoria y creatividad), la capacidad de equilibrar los estímulos y evitar la hipersensibilidad sensorial, la capacidad de interacción social, la protección del sistema cardiovascular con la mejora de la variabilidad de la frecuencia cardiaca y la reducción de la inflamación vascular, funciones metabólicas relacionadas con el metabolismo de la glucosa, la reparación celular, la desintoxicación y la modulación del dolor.

Nuestro sistema de alerta puede activarse frente a amenazas físicas o psicológicas.

Entre las físicas nos encontramos con todas aquellas que supongan una amenaza a la vida, ya sea por su carácter agudo o por su recurrencia: situaciones de peligro vital, traumatismos y lesiones, sustancias tóxicas, radiaciones, bacterias, una alimentación no adecuada (que desequilibre el metabolismo, la microbiota o carezca de nutrientes necesarios,…), un deficiente descanso, la falta de luz solar,…

Entre la psicológicas, estaría cualquiera amenaza a nuestra psique: las agresiones, invasiones, humillaciones, abandonos, aislamiento,…, pero también una biografía que nos predisponga a vivir el mundo como un lugar amenazante o a vernos sin recursos para afrontarlo.

Una elevada autoexigencia, tareas que exceden nuestra capacidad actual de respuesta, la indefensión aprendida, la dificultad para gestionar problemas habituales de la vida diaria que permanecen como preocupaciones crónicas,,… llevan a que este sistema esté activado crónicamente.

Nos sentimos estresados o ansiosos. No hay amenazas a la vida pero respondemos a la alerta como nuestro organismo aprendió a hacerlo hace millones de años.

Cuando la alarma permanece activa demasiado tiempo, empieza a producir problemas en nuestro funcionamiento orgánico: aumenta nuestra resistencia a la insulina, la inflamación, la tensión arterial, los problemas digestivos, la baja fertilidad,.. Se produce una acumulación de grasa, especialmente en la zona abdominal. La falta de descanso retroalimenta el ciclo y con el tiempo, puede llevar a problemas cardiacos, e inmunes graves. El metabolismo no funciona equilibradamente.

Cuando esto ocurre, pueden estar haciéndose todos los cambios necesarios desde la medicina metabólica: alimentación sin hidratos o baja en ellos, ayunos, ejercicio, evitación de tóxicos, evitación de anti-nutrientes,… pero parecen resistirse los resultados.

No siempre es obvio el impacto metabólico del estrés de la vida diaria y las dificultades del cambio.

Existen muchos retos y obstáculos en el proceso: creencias que nos limitan (sobre la propia fuerza de voluntad, las dietas hipocalóricas, la subestimación del ejercicio, el miedo a la grasa, la sobrevaloración de la genética,…), exigencias que nos estresan (rendimiento constante, impaciencia con un proceso que lleva tiempo,…), ambientes obesogénicos, dificultades para integrar el nuevo cambio en las antiguas estructuras de ocio y sociales,,…

Tampoco los avances se producen siempre de manera lineal. Las recaídas en los antiguos hábitos, de no saber reencauzarse, pueden llegar a dinamitar todo el proceso. Son obstáculos que, sin las herramientas adecuadas, son difíciles de superar.

Integrando cuerpo, mente y espíritu

La psicología puede contribuir a mejorar las respuestas al estrés habitual y las dificultades del proceso contribuyendo a su efectividad.

En mi trabajo integrativo combino varias herramientas para ofrecer un acompañamiento completo:

1. Gestión del estrés: Aprendemos a escuchar el lenguaje del cuerpo. Con herramientas basadas en la teoría polivagal identificamos estados de alerta (estrés) y aprendemos a activar nuestro sistema de calma (parasimpático).

2. Reprocesamiento: Con recursos como el EFT (Técnicas de Liberación Emocional), la estimulación bilateral o el campo visual trabajamos para liberar la carga emocional de experiencias pasadas, creencias limitantes, exigencias y miedos que conforman los obstáculos que sabotean nuestra constancia.

3. Conciencia corporal y postural (Diafreo): Nuestro cuerpo guarda memorias. La tensión crónica en la espalda y el diafragma bloqueado afectan a nuestra respiración, energía y estado de animo. A través de la toma de conciencia, la liberación de la respiración y pequeños movimientos y estiramientos, favorecemos esa energía y calma que necesitamos.

4. El ciclo de la experiencia (Terapia Gestalt): Aprendemos a completar procesos emocionales que a veces quedan pendientes. Identificamos nuestra verdadera necesidad en cada momento (¿apoyo? ¿descanso? ¿límites?), para tomar decisiones conscientes y cerrar ciclos. Avanzamos en el empoderamiento y la coherencia personal fundamental para mantener cualquier cambio.

El proceso nos lleva a conectar con nuestro sentido vital, nuestra sabiduría interna y una sensación de paz más allá de las circunstancias diarias. Es encontrar la conexión interior y la interacción armoniosa con lo que nos rodea.

Cuando conectamos con nosotros mismos y nuestros verdaderos objetivos y necesidades, los cambios dejan de producirnos conflicto interno. Dejamos de “hacer una dieta” y empezamos a cuidarnos con elecciones conscientes en todos los ámbitos.

De esta manera, la salud que nos aporta la medicina metabólica, la alimentación y otras rutinas de autocuidado se convierten en la clave de nuestro bienestar integral.

¿A quien va dirigido este trabajo?

Trabajo con quienes

· Inician cambios basados en la medicina metabólica y sienten dificultades, estrés o bloqueos emocionales.

· A pesar de "saber lo que hacer", no logran la constancia y se sienten frustrados.

· Tienen altos niveles de estrés diario y les gustaría aprender a gestionarlo.

· Buscan un desarrollo personal profundo, deseando entender y mejorar la conexión entre sus emociones, cuerpo y elecciones de vida.

Mi papel es ofrecer un espacio seguro y las herramientas precisas para construir una base de equilibrio mental, emocional y espiritual donde los cambios en el estilo de vida no son una carga, sino el resultado natural de una relación más amable y consciente nosotros mismos.

Nuestro viaje hacia la salud metabólica se apoya en la calma de nuestro sistema nervioso. Ese es el terreno que cultivamos.

Sobre mí

Soy Olga Calvo.

Mi enfoque psicológico integra la Terapia Gestalt, herramientas psico-corporales (Diafreo, EFT, estimulación bilateral y campo visual para la desensibilización y el reprocesamiento) y un profundo entendimiento de la conexión entre el sistema nervioso, la gestión emocional y la salud física.

Me dedico a la gestión del estrés y el desarrollo personal, acompañando a mis clientes a encontrar el equilibrio interno necesario para sostener cambios de vida profundos y saludables.